martes, 16 de mayo de 2017

El segundo paso

      Dar el segundo paso es imaginar superando la realidad. Hace que vivir dentro de la cabeza sea mejor que vivir fuera.

¿Por eso su casa es una cueva?
(Risas) ¿Eso es lo que se dice?

Incluso se ha escrito al respecto ¿Dónde vive realmente?
Prefiero que sigan pensando que en una cueva.

A lo que hace ¿por qué lo llama segundo paso?
Por los niños. Habrá visto como los niños se reparten papeles antes de jugar «Yo soy el capitán y tú eres el vigía». Ese es el primer paso de la imaginación. Dar el segundo es cerrar no solo los ojos (lo hace), sino todos los sentidos y tomárselo completamente en serio: «Yo soy el capitán y tú eres el vigía» (Quietud, dos minutos después). Se acaba de caer al agua.

¿Cómo dice?
Cayó al agua, remontaba nuestro barco una ola y de repente lo oí gritando a lo lejos, en el mar.

(Atragantamiento) ¡Espere! ¿Puede entrar ahí tan rápido? ¿Cuánto tiempo ha estado dentro?
No sabría decirle, unos minutos.

¿Se puede alterar el tiempo dentro de su cabeza?
Es probable, nunca me he fijado.

¿¡Nunca se ha fijado si puede manipular el tiempo!?
Manipular es una palabra muy fea. En la imaginación se vive a otro ritmo, no es algo manipulable. Y usted dice, pero, ¿se fija usted en si puede manipular el tiempo en sus sueños?

Supongo que no.
Porque no lo necesita para soñar.

Hablemos entonces del espacio. ¿Cómo distingue si está dentro o fuera de su cabeza?
Cierre los ojos, ponga su mano frente a usted, así. Ahora imagine que se vuelve blanca, de un blanco luminoso, deslumbrante. Abra los ojos, si es del color del que suele ser es que esta fuera. (Ambos miran fijamente la mano del otro)

¿Funciona eso siempre?
Claro, cuando imaginas hasta el punto de confundir dentro con fuera, siempre te saldrá algo así.

Creo no equivocarme al pensar que la comida imaginada, el sueño imaginado y el dinero imaginado no le valen fuera de la cabeza ¿Cómo sobrevive?
Cobro la entrevista.

(Risas) Entonces dejemos eso para luego. ¿Por qué me la ha concedido?
Quería ver qué pasaba. Una de las cosas importantes para imaginar es tener una amplia base de experiencias. Piense, por ejemplo, en hacer el amor, las fantasías son más auténticas después de la primera vez.

¿Hizo usted el amor para añadirlo a su base de experiencias?
Podría decirse que sí, pero no le habría gustado estar en mi lugar.

¿No se animaría a añadir algún detalle al respecto?
Lo pregunta con tanta cautela que no me hace sentir mal al decir que no.

¿Y a hablar de alguna experiencia peculiar que haya ampliado su acervo?
Le chupé la sangre a un murciélago.

...
No se lo tome a mal.

También habrá probado muchas cosas dentro de su cabeza.
Muchas, sí, pero la sensación nunca es más repulsiva que chuparle la sangre a un murciélago.

¿Detalles?
No sabe a hierro.

Me refiero a esas otras cosas.
Ya.

Venga, anímese.
Preferiría hablar de otra cosa.

¿Vengo hasta aquí para escucharlo y no me va a corresponder siquiera un poco?
No me gusta a dónde quiere llegar.

¿Y qué le importa a alguien que sin duda estará por encima de las apariencias?
(El suelo tiembla) Por el mero hecho de no temerlas no da uno de comer a las hienas.

Soy la única persona que ha dignado a verlo. El único por el cual el mundo sabrá de usted. ¿Qué les contaré si no me responde?
(El temblor crece) Que escribe desde el orgullo. (¿Será un tren?)

Nadie creerá tal cosa, ¿o va a salir ahí fuera a demostrarlo?
¿Salir? Yo no necesito salir, (No es ningún tren) la pregunta es si saldrá usted.


El periodista se levantó y se sorprendió rodeado por las paredes de una cueva. El creciente temblor agrietaba suelo y paredes, por lo que corrió hacia la luz que creía salida. Una roca le agarró de la cadera en su caída y se abrió paso por ropa y piel, la sangre lo siguió a cojos intervalos hasta la entrada. Allí, se vio en ladera de una montaña, la cueva a sus espaldas sellada. Pero pudo contener la hemorragia, pudo bajar a tierra firme y pudo volver a su ciudad. No obstante, nadie creyó su historia, vagó por las calles intentando ser escuchado, pero nadie quería publicar delirios. Ya os imagináis cómo acaba esto. Yo hace mucho que estaba imaginando otras cosas.
Allá en la cueva, las rocas que caían resonaban como olas contra la quilla, pronto las únicas grietas fueron las de truenos en el cielo. El vigía, el que busca ver sin ser visto, se había perdido en el mar. Pero con solo su capitán, el barco navegaba de nuevo.

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