domingo, 16 de julio de 2017

Abstinencia digital

En un mundo tan impregnado de la tecnología es difícil percatarse de cómo nos afectan. Más aún separarse de ellas, muchos ni siquiera pueden hacerlo. Esta es la experiencia de alguien que lo intentó:

Decidí prescindir de las pantallas durante tres días: móvil, ordenador, televisión y también libro electrónico. Mi objetivo era el de hacer una pausa para descansar y reflexionar, y pensé que desconectar (literalmente) la haría mucho más patente y efectiva. También lo hacía para despegarme del móvil, para escapar del ansia social que me hacía mirar Whatsapp cada hora.

Mientras lo viví, me di cuenta de que para lo que realmente sirvió fue para salir de la zona de confort (¿qué haces cuando no puedes consultar internet?) e impedirme un montón de refugios. No he podido escaparme a los videojuegos, al manga, al anime, a las series, películas, vídeos de cualquier índole, blogs del tipo de ¡Cuánto cabrón!. Tampoco a Facebook, a los libros electrónicos, ni pararme medio embobado frente al escritorio del ordenador o el del móvil. No es que me dejase sin nada: me quedaban tumbarme, los libros físicos y la cocina. Pero la diferencia es abrumadora, es como un cambio de paradigma cotidiano, y eso te despierta. Cuando me sentí mal, fue más difícil huir, tuve que enfrentarme a ello. Y he de reconocer que la escritura ayuda, amaina (aunque no solucione) las penas.

Me he sentido más continuo, como si en el divagar atolondrado de siempre hubiese una tendencia subyacente, una construcción o un progreso.

He echado de menos la música, pero no tanto como pensaba. También internet, pero un diccionario y quienes tienes alrededor también pueden ayudarte (y lo hacen de forma más clara y directa que las redes). Ni siquiera necesité el móvil (ni ninguna pantalla) para ir y volver de Madrid. He echado de menos hablar con algunas personas, pero basta anotar lo que les quieres decir y esperar. Es también una lección de humildad, a pesar de quedar digitalmente inconsciente durante tres días, el mundo exterior no se preocupó tanto como imaginaba.

Han pasado los tres días y pienso en cómo puedo aprovechar la vida sin pantallas en el día a día con ellas.”

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