En
un mundo tan impregnado de la tecnología es difícil percatarse de
cómo nos afectan. Más aún separarse de ellas, muchos
ni siquiera pueden hacerlo. Esta es la experiencia de alguien que lo intentó:
“Decidí
prescindir de las pantallas durante tres días: móvil, ordenador,
televisión y también libro electrónico. Mi objetivo era el de
hacer una pausa para descansar y reflexionar, y pensé que
desconectar (literalmente) la haría mucho más patente y efectiva. También lo
hacía para despegarme del móvil, para escapar del ansia social
que me hacía mirar Whatsapp cada hora.
Mientras
lo viví, me di cuenta de que para lo que realmente sirvió fue para
salir de la zona de confort (¿qué haces cuando no puedes consultar
internet?) e impedirme un montón de refugios. No he podido escaparme
a los videojuegos, al manga, al anime, a las series, películas, vídeos de cualquier índole, blogs del tipo de ¡Cuánto
cabrón!. Tampoco a Facebook, a los libros electrónicos, ni pararme
medio embobado frente al escritorio del ordenador o el del móvil.
No es que me dejase sin nada: me quedaban tumbarme, los libros
físicos y la cocina. Pero la diferencia es abrumadora, es como un
cambio de paradigma cotidiano, y eso te despierta. Cuando me sentí mal, fue más difícil huir, tuve que enfrentarme a
ello. Y he de reconocer que la escritura ayuda, amaina
(aunque no solucione) las penas.
Me
he sentido más continuo, como si en el divagar atolondrado de
siempre hubiese una tendencia subyacente, una construcción o un
progreso.
He
echado de menos la música, pero no tanto como pensaba. También
internet, pero un diccionario y quienes tienes alrededor también
pueden ayudarte (y lo hacen de forma más clara y directa que las redes). Ni siquiera necesité el móvil (ni ninguna pantalla) para ir y
volver de Madrid. He
echado de menos hablar con algunas personas, pero basta anotar lo que
les quieres decir y esperar. Es también una lección de humildad, a
pesar de quedar digitalmente inconsciente durante tres días, el
mundo exterior no se preocupó tanto como imaginaba.
Han
pasado los tres días y pienso en cómo puedo aprovechar la vida sin
pantallas en el día a día con ellas.”
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