En la sala había una ventana y un ordenador. También una persona. Eso era la sala. No había puerta, por lo menos, no una como la concebía la persona. Porque un hueco rectangular tapado con una pieza de madera móvilde la misma forma, pero algo más pequeña, obviamente, sí que había. Pero por ese
hueco la persona no era capaz de salir del ordenador. Y por eso solo le quedó la ventana.
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